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Libertad y dignidad

Se me hace muy difícil escribir sobre algunos temas, pues para comunicar aquello que quieres a un público que te va a leer requiere que estés, no ya documentado, sino más bien en contacto con aquello de lo que vas a hablar, y comprender por qué razón existe esa cuestión.

A mi se me hace muy difícil comprender por qué existe el aborto; el porqué de que el ser humano, teniendo todos los elementos e instrumentos para hacer el bien, se obstina en hacer el mal. Eso me rompe y me obliga a sentir una profunda tristeza, pues siempre me ha gustado ponerme en situación en los temas que suelo tratar; y ponerme en situación en este tema, entrar en un “abortorio” e imaginarme lo que allí sucede, me resulta del todo inhumano y cruel. Y sobre todo siento una profunda angustia cuando pienso en esos millones de seres humanos no nacidos, y en esas madres que han realizado lo que gusta llamar «interrupción voluntaria del embarazo», pues la crudeza de la palabra aborto creo que duele incluso a sus defensores.

Quizás el preguntarse el porqué del aborto suene un tanto estúpido a estas alturas, y más con los datos de niños no nacidos y que han sido eliminados. Es posible que puedan decirme que hace mucho tiempo esta pregunta era esencial y hoy ya no lo es, pues podemos estar acostumbrados a convivir con ello. Sin embargo, creo que es necesario que de vez en cuando —o quizás siempre— nos la hagamos. Es más, nos la planteemos y trabajemos sobre ella, pues nunca debemos acostumbrarnos a aquello que es cruel.

El derecho natural nos enseña que la vida humana es un don, es un regalo sorprendente que el Creador nos da gratuitamente y sin contrapartidas, simplemente por Amor. Si por un momento nos paramos a pensar en la vida, en cómo es, en por qué es, en lo que significa, en su sincronismo biológico o sencillamente en ella misma, en la VIDA con mayúsculas, entenderemos que ésta es del todo imposible si no es por obra de Dios. El ser humano no es un simple capricho de la naturaleza, sino que es un acto de amor; el hombre no es la creación sin sentido de la nada, sino que es fruto de la nada por obra de Dios.

Y también vemos que precisamente el ser humano, a lo largo de la historia, se ha nutrido de incontables formas y normas para mantener, defender y no dañar la vida del hombre, pues su propia concepción racional le hace indiscutible el inmenso valor de la vida. Dañar, herir o eliminar la vida de un ser humano está totalmente castigado por el propio hombre.

Entonces… ¿qué sucede con los seres humanos no nacidos?… ¿por qué se permite que existan leyes que permiten eliminar la vida a un no nacido?

Se me antoja curioso, incluso sarcástico, el hecho de que precisamente se tengan que hacer leyes para poder acabar con la vida de esos seres humanos concebidos y no nacidos. Es, pues, comprensible que deban hacerse leyes en este sentido porque, precisamente desde el derecho natural, es del todo inconcebible.

El problema es que se legisla desde un prisma totalmente unido a un interés que nada tiene que ver con el bien supremo del hombre, e incluso con el de toda la sociedad, por mucho que nos quieran vender que es por el bien de ésta. Es más, que se pretenda mantener el discurso de que es la propia sociedad la que demanda este tipo de leyes en nombre de su libertad y de la democracia; palabras totalmente prostituidas, pues los conceptos libertad y democracia son para todos,  y precisamente son palabras mucho más contundentes para aquellos individuos que no pueden defenderse y que son los más vulnerables y frágiles, como los no nacidos, que ni tan siquiera pueden tener derecho a su inocencia.

La libertad y la democracia también se prostituyen al no aceptar que un niño concebido en el seno de una madre no es un ser vivo desde el mismo instante de esa concepción, y se niega de forma sistemática lo que sin duda no sólo es una verdad natural, sino también científica.

¿Cómo puede sostenerse esto si en los “abortorios”, clínicas de la muerte de no nacidos, se trituran fetos, bebés completamente formados y con un corazón que late? ¿Acaso ese bebé no vive? Si no viviera, no importaría matarlo.

El derecho natural nos dice que la libertad de un individuo es su mayor tesoro y que esta acaba donde empieza la de otro ser humano. La libertad va intrínsecamente unida a la dignidad que nos conforta como seres humanos. Y es precisamente esa dignidad, que va también unida al alma de cada  ser, que  es  indestructible. Nada ni  nadie,  ni  tan  siquiera nosotros mismos tenemos el derecho de destruirla. Nos podrán herir, torturar, encerrar e incluso matar; con ello obtendrán un cuerpo muerto, pero no nuestra dignidad, ni nuestra libertad y esperanza.

El aborto atenta directamente a nuestra libertad y sobre la dignidad del no nacido y por eso pretenden acallar esta única verdad negando la existencia y la vida desde el mismo instante de la concepción, siendo ello la gran falacia de la cultura que apuesta por la muerte.

En el Evangelio de san Lucas encontramos de forma muy clara esta máxima, y además se nos reafirma que es una verdad absoluta tanto en lo religioso, lo moral y lo científico. Lucas 1, 39-45 nos describe minuciosamente el pasaje de la visitación de María a su prima Isabel. La distancia que separa Nazaret del territorio de Zacarías —Ein Karim— es de dos días de viaje, a lo sumo tres.

Cuando María llega a casa de su prima Isabel siente en su interior como su hijo salta de alegría. ¿Y por qué salta de alegría? No sólo porque su madre sienta esa feliz excitación de ver a su pariente. Es porque quien llega a esa casa no es sólo María; es también su Hijo recién concebido y que mora en su sagrado vientre. Isabel también lo sabe y, por eso, en su efusivo abrazo le susurra al oído su alegría, pues tiene frente a sí no simplemente a su prima a la que hacía mucho tiempo no veía, sino que acaba de llegar la madre de su Señor.

Hay vida en ese seno, es más, quizás María no lo supiera pues el ángel no le dice el cómo ni el cuándo será esa concepción; simplemente le anuncia que será la Madre de Dios. Quizás sea entonces cuando María se da cuenta de que ese anuncio se ha cumplido y por ello da gracias a Dios.

Así pues, es de una claridad pasmosa que la vida humana se inicia en el mismo instante de la concepción y cuando dos células vivas, masculina y femenina, se unen en un acto de amor. Es, pues, comprensible que cuando se engendra vida, siempre en un acto de amor entre el hombre y la mujer, y cuando esa vida se quiere truncar, uno no entienda el porqué y se pregunte precisamente ese porqué.

El aborto es y será siempre un crimen legalizado, pero por muchas normas que se dicten o leyes que se aprueben no dejará de ser un crimen. Sin duda uno de los más atroces pues la victima no sólo no puede defenderse, sino que incluso no se le admite defensa alguna.

Espero y por ello pido que la sociedad comprenda que la vida, a pesar del horror del aborto, es un derecho para todos y que los no nacidos son los más necesitados de ese derecho.

Paz y bien
Climent Garau Oliver

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. ¡Excelente articulo!. La vida de cada ser humano comienza en el mismo instante de la concepción. La fecundación de ovulo materno por el espermatozoide dando lugar al zigoto y las sucesivas divisiones del mismo dan lugar al embrión humano cuyo desarrollo en el útero materno esta destinado a desarrollar un ser humano único e insustituible. El no permitir, o interrumpir el crecimiento y desarrollo de un ser humano en el seno materno, es sin duda un crimen atroz independientemente de lo que establezca la ley.

  2. ¡Excelente articulo!. La vida de cada ser humano comienza en el mismo instante de la concepción. La fecundación del ovulo materno por el espermatozoide dando lugar al zigoto y las sucesivas divisiones del mismo dan lugar al embrión humano cuyo desarrollo en el útero materno esta destinado a desarrollar un ser humano único e insustituible. El no permitir, o interrumpir el crecimiento y desarrollo de un ser humano en el seno materno, es sin duda un crimen atroz independientemente de lo que establezca la ley.

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