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Miriam Fernández: «No Me Voy A Quedar Callada: El Aborto Me Parece Horrible»

Miriam Fernández: «No me voy a quedar callada: el aborto me parece horrible»

La cantante Miriam Fernández, cuya madre biológica la dio en adopción en vez de abortarla siendo muy joven, aprovecha su reciente fama para luchar contra el aborto. «todo esfuerzo merece la pena aunque sea para salvar una sola vida».

Con sólo seis meses, Miriam fue dada en adopción. Sus padres, jóvenes y con pocos recursos, no podían hacerse cargo de ella, pues tenía un problema que le impedía caminar. Gracias a su familia adoptiva pudo salir adelante, evitar la silla de ruedas y convertise en una chica alegre y decidida. Lleva hasta el límite lo que se propone: fue campeona nacional de natación y ahora compagina sus estudios en la Universidad Francisco de Vitoria con el canto. Gracias a que ganó el concurso de televisión «Tú sí que vales» tuvo cierta repercusión en los medios, que quiere aprovechar para luchar en defensa de la vida.

-¿En qué consiste su minusvalía?

-Yo iba a nacer bien, pero en el parto hubo complicaciones. Tuve un infarto cerebral que me afectó a la parte locomotora de las piernas. Mis padres no me podían cuidar y me dieron a una familia que, además del cariño necesario, tenía dinero para pagar las operaciones. Los médicos decían que yo no podría andar nunca y, sin embargo, ahora voy en andador y no en una silla de ruedas. Por eso le agradezco un montón a mi madre biológica que me diera en adopción.

– Esa decisión tuvo que ser dura…

– Los dos querían darme. A mi madre le costó un poquito más, pero dijeron que era lo mejor para mí. Ella tendría 17 o 19 años, nunca lo he sabido exactamente. Fue un acto de generosidad muy grande. Yo me he encontrado alguna vez por la calle a mi madre y a mis hermanos…

-¿Entonces sabe quiénes son?

– Sí, yo le dije a mi madre adoptiva: «Mamá, yo lo único que quiero saber de ellos es a quién me parezco y cómo son mis hermanos». Y un día por casualidad me los encontré. Me dijeron: «¡Miriam!». Me di la vuelta y vi a una mujer con dos niños y sabía que eran ellos. No me preguntes por qué pero sabía que eran ellos.

– ¿Y qué le dijo su madre al verla?

– Me presentó a mis hermanos y me preguntó qué tal me iba todo. Yo me quedé chocada pero contenta. Me lo tomé muy bien. Es algo para mí natural, normal. Tampoco ha sido un tema tabú en mi familia. Marisol, que así es como se llama mi madre biológica, me enseña a mis hermanos de vez en cuando. ¡Es guay! Ya sé a quién me parezco. Ya no tengo esa incertidumbre. Menos mal que no me he tenido que ir al Diario de Patricia para conocerlos [risas].

– ¿Cómo vivió su infancia?

– Fue un poco dura, porque los niños a esas edades son crueles. Me veían diferente y entonces iban a por el débil. Gracias a eso ahora soy más capaz de ponerme en el lugar del otro, de proteger al débil.

– A pesar de llevar una vida muy normal, ¿qué cosas no puede hacer?

-Bailar. Me encanta la música y si hubiese podido bailar es lo que hubiese elegido. Pero a uno siempre le gusta lo que no puede o lo que no tiene.

– Siempre ha hecho lo que ha querido: nadar, cantar, estudiar…

– En mi vocabulario el “no puedo” no existe. Trato de sacar el lado positivo de todo. Salgo de fiesta, me voy, vuelvo. No me veo discapacitada.

– Pero se distingue por cantar…

– Desde los siete años llevo subida a los escenarios, en galas benéficas, residencias, musicales de colegio. A los quince participé en una gala contra el cáncer. «Tú sí que vales» fue por casualidad: estaba en mi casa viéndolo y me dio tiempo a coger el teléfono del casting. Fui con un amigo, me escogieron, pasé y gané. No me lo creía.

– Para el concurso eligió la canción de La Sirenita titulada «Parte de él», donde la protagonista pide unas piernas. ¿Se siente identificada con ella?

– Mucha gente piensa que escogí esa canción para ganarme al público a través de mi discapacidad. Pero no es así, porque cuando canto no me siento discapacitada. Me siento, cojo un micrófono y canto. Toda mi vida he cantado sentada, intentando transmitir lo que no transmito moviéndome.

– ¿Cuál es su sueño?

– Mi sueño es ser cantante. Pero lo que me gustaría no es ser una cantante famosa. Prefiero que nadie se acuerde de mi nombre, pero que digan: «Esa chica, que con sus canciones intentó hacer algo por la sociedad». Todas mis canciones las compongo yo y tienen algún mensaje. Creo que una canción no es sólo recitar una letra, sino contar y transmitir algo.

– ¿Refleja su vida en sus canciones?

– No exactamente, pero sí escojo temas muy concretos para contar lo que creo. Como Tú sí que vales me ha dado cierta presencia en los medios quiero aprovecharla y decir todo lo que pienso. Aquí entra el tema del aborto. No me voy a quedar callada; me parece horrible. Por eso también soy madrina de la campaña del Foro Español de la Familia, Su vida es tu vida.

– ¿Por qué lucha contra el aborto?

– Por dos cosas: una es porque me siento identificada. Mi madre era muy joven cuando me tuvo y si hubiese tirado por esa vía ahora mismo no estaría aquí. Y la segunda es porque esos niños ni siquiera tienen la oportunidad de salir y decir: «Oye, quiero vivir». Estoy luchando para ponerles voz. Siempre he dicho que todo esfuerzo vale la pena aunque sea para salvar una sola vida.

– El Gobierno quiere que se pueda abortar a los 16 años sin consentimiento paterno, ¿qué opina al respecto?

– Me parece una aberración. No se puede fumar, no se puede beber, pero sí se puede abortar, con todo lo que conlleva, con los traumas psicológicos que eso significa. He llegado a estar en la puerta de una clínica abortista y ver cómo una niña de 16 años salía desangrándose; el novio no quería darnos el teléfono de sus padres para llevarla al hospital. Y una señora, que no la conocía de nada, tuvo que acompañarla. La vida es un proceso, tiene un principio y un final. Todo el mundo tiene muy claro el final, pero parece que nadie tiene claro el principio.

– Su madre pudo vivir esa situación…

– No lo sé, pero pone los pelos de punta. Gracias a Dios estoy aquí y tengo una misión. Hay gente que me dice: «¿No le echas en cara que te haya dado en adopción?». Para nada, al contrario. Siempre me lo he tomado súper bien.

[Suena el móvil]

– ¿Ésa es su voz? ¿Tiene una canción como tono en el móvil?

– Sí. Es una canción que se llama «El país de nunca jamás», que trata precisamente sobre el aborto. Es una madre que habla con el bebé que ha abortado. El título tiene un doble sentido: recuerda a Peter Pan y la infancia; pero también al país del nunca jamás viviré, del nunca jamás comeré chocolate, del nunca jamás tendré un amigo… porque nunca jamás he tenido la oportunidad de vivir. Es una canción muy cruda, pero también el estribillo y el ritmo tienen un tono esperanzador. La madre se arrepiente.

– ¿Cómo aprendió a cantar y a componer? ¿Es autodidacta?

– En cuanto a componer y a la poesía sí. Todo lo de fuera me transmite mucho, así que cuando llega un momento de inspiración me tengo que poner a escribir. Ahora tengo que empezar a recibir clases de canto, porque nunca he ido y la garganta se resiente; tengo que aprender a cantar con el diafragma.

– ¿Y quién pone la música?

– Mi compositor, David de la Morena. Yo no puedo tocar instrumentos. Empecé con guitarra y piano, pero la mano derecha no me respondió. Así que tuve que dejarlo. Lo que hago es componer la melodía y las letras en mi cabeza, se las canto a David y luego él me muestra cómo quedan.

– ¿Tiene alguna anécdota graciosa que le haya ocurrido con el andador?

– ¡Muchas! En la discoteca, como hay gente que nunca ha visto el andador me preguntan: «Pero dónde te has dejado al bebé?». O me giro y veo copas encima y le digo a quien se las ha dejado: «Pero oye, que esto no es una barra, es un andador».

– Además de cantar, también ha destacado en el deporte, ¿cómo se inició en la natación?

– Le dijeron a mis padres que la natación iba muy bien para la rehabilitación así que empecé desde los dos años. Pero todo lo relacionado con las competiciones surgió porque me inscribí a una, perdí y me sentí mal. Entonces mi hermana me llevó a un lugar donde había categorías según minusvalías, gané y fui campeona y subcampeona de España, y casi me voy a Atenas. Lo dejé hace cuatro años por los estudios, tuve que elegir.

– ¿Es feliz a pesar de su dis­capacidad?

– La gente dice: «¡Ay, pobrecita! Con esta discapacidad y tan joven». Pero no. Es mi arma, mi discapacidad es mi arma en la sociedad. Hay algo que siempre digo: la felicidad no es evitar el sufrimiento sino aprender a afrontarlo, porque el sufrimiento siempre llegará porque la vida es así, así que afrontar las cosas es mucho más útil.

Un agradecido club de fans

Miriam canta no sólo con la garganta o el diafragma, sino con el corazón, y tal vez por eso va acumulando cartas, e-mails y regalos de sus admiradores. «Me llamó una chica diciéndome: ‘Tengo una enfermedad degenerativa y tú me has dado ganas de vivir’; otro chico me dijo que había dejado las pastillas antidepresivas por verme a mí en la tele. Me llegan muchos testimonios así. Cuando fui a cantar a Bilbao, vino una niña, con discapacidad, y se me echó a llorar; me dijo: ‘Estaba triste y al verte a ti tengo ganas de tomarme esto bien’. Ahora me escribe de vez en cuando, y sus amigas me dan las gracias por el Tuenti, porque ahora sonríe todos los días y a todas horas».

*Entrevista publicada en el numero 10 de la revista Misión

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