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La vida de nuestros hijos

La educadora Alicia Ramos hace un alegato en favor de la vida desde el punto de vista de las mujeres como madres.

Actualmente, estamos viviendo una serie de ataques hacia la vida, especialmente, la de los más débiles, como son los niños y los ancianos.

En el primer caso, quienes defienden dicha transgresión, se excusan en que aún no han nacido, como si ello les eximiera de tener vida.

Según la RAE, la “vida” es un vocablo que significa “ser humano” (entrada 10 del Diccionario de la Lengua Española, 2001) (1).

Las mujeres gestamos seres humanos, personas; no gestamos objetos, por tanto, la vida está presente ya desde la concepción. Nadie puede negar que el embrión o feto tenga vida, como tampoco se puede negar que el aborto sea el sacrificio de un ser humano; sí , un ser humano pequeño e indefenso.

Se habla del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, pero, en realidad, la decisión nada tiene que ver con su cuerpo, pues se atenta contra otro cuerpo, con una información genética propia, distinta a la de la madre.

A pesar de ello, cada día se practican abortos. Teniendo en cuenta sólo los abortos quirúrgicos, en España en 2019 se llevaron a cabo 99149 abortos (fuente: Wikipedia) y en 2017, al día se practicaron 258 abortos, 1 cada 5 minutos (fuente: Antena 3).

¿Qué nos está pasando?
¿Las mujeres no queremos a nuestros hijos?

Me cuesta mucho creer que una mujer sea capaz de matar a su hijo. Sin embargo, una mujer sí es capaz de matar un caso, un número o un error.

Ahí está la clave. Nadie habla de nuestros hijos. Hablan de “casos”, de “números” , de “errores”… como si fueran objetos en vez de personas. Nadie los define como HIJOS.

Me cuesta mucho creer que una mujer sea capaz de matar a su hijo. Sin embargo, una mujer sí es capaz de matar un caso, un número o un error.

Ante esta realidad, me preocupan enormemente nuestros jóvenes, cuando ya desde la más tierna infancia oyen expresiones como “fue un error”, “no me viene bien”, “ahora no es el momento”…, al referirse a un embarazo y transformando, así, al ser vivo en un objeto inerte.

Me preocupa también la información tergiversada que reciben a través de los medios de comunicación, del cine, de la televisión e, incluso, de los colegios.

Como madre, quiero dejar a mis hijos en un entorno seguro, pero hoy en día, eso es difícil. Como docente, quiero ofrecer esa seguridad a tantas madres que, como yo, anhelan esa seguridad, aunque ello suponga ir contra corriente.

Quiero finalizar con unas palabras que pronunció la santa Madre Teresa de Calcuta al recibir el Premio Nobel de la Paz: “Si aceptamos que una madre suprima el fruto de su seno, ¿qué nos queda? El aborto es el principio que pone en peligro la paz en el mundo”.

Alicia Ramos
Educadora


(1) Curiosamente, en sucesivas revisiones esta acepción ha sido eliminada o reemplazada por la más general —y aséptica—, «ser vivo». (N. del E.)

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo contigo Alicia. La despersonlización del ser humano, el considerarlos casos, números o un grupo de células en el útero materno, en lugar de un ser humano en desarrollo, es lo que permite a alguien practicar un aborto, o más claramente, lo que le permite a alguien matar a un ser humano

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